
Como un ángel que escapó del cielo,
y agotado por su ágil vuelo,
cerró sus blancas alas y se echó a descansar.
La observo dormir, en capullos rosa,
y en su sonreír, mi corazón toca
como una campana con su tintinear.
Sus sueños de niña, plagados de magia,
suavizan su rostro, transluciendo su alma
en esos murmullos de su respirar.
Y cuando el sol brilla, entre nubes blancas,
remueve su cuerpo, y extiende sus alas,
abriendo sus ojos, queriendo volar
hacia el día claro, entre mil sonrisas
y aquellas muñecas que buscan caricias,
que esas manecitas con amor les dan.
Porque de sus ojos emana alegría
que, como el viento, sopla en mi vida,
es mi Angel Niña, el mejor regalo
que un día de invierno mi Señor del cielo
dejó escapar.
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