
Me das hoy una libertad que no pedí
una libertad que no quería,
su sabor resulta amargo a mis labios,
es como un hierro oxidado a mis sentidos.
Siento algo que me oprime fuertemente
el pecho que hasta ayer se sentía tuyo,
siento que me ahogo, que no respiro
y sin embargo sigo vivo.
Si esto es la libertad, no la deseo,
no la quiero en mis manos,
ni en mi vida, yo jamás te la pedí,
no podría, ni sabría como,
me das una libertad que me sabe agria,
y yo no la soñé pues no estaba consiente
de mi propia esclavitud.
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